sábado, 30 de junio de 2012

El silencio de la Vida


"El silencio de la Vida" fue el tema del Seminario de John Main celebrado en Ascot, Inglaterra, desde 22 hasta 25 agosto de 1996, dirigida por Ramón Panikkar. Su erudición es evidente para todos los que le escuchan, pero más que eso, habla de una visión espiritual que transmite no sólo el aprendizaje de un académico, sino que también la experiencia de un médico y la autoridad de un profeta, alguien que no predice el futuro, pero ayuda a sus contemporáneos para ver el presente con visión. 

Panikkar afirmaba que la vida es ontológicamente silencio. El silencio, por lo tanto, no es la represión del pensamiento o de la expresión, a pesar de que "el silencio no dice nada." Se trata simplemente de la realización de nuestra verdadera naturaleza. En sus conversaciones sobre el silencio del cuerpo, la mente y la voluntad, y sus discursos finales sobre la resurrección y la Plenitud de la Vida, abrió para sus oyentes no sólo un conocimiento más profundo, sino que para muchos un entendimiento completamente nuevo de la naturaleza humana en su aspectos solitarios y sociales, así como en sus dimensiones humanas y divinas. Moviendose con fácilidad entre los teólogos cristianos y los místicos de las tradiciones de la India y del Islam, Panikkar expuso su antropología cristiana de la integridad humana y su destino de la divinización: Dios se hizo hombre para que el hombre se haga Dios, como los primeros pensadores cristianos proclamaron. Este dogma fundamental del cristianismo fue explorado y abierto para mostrar los campos nuevos de entendimiento.

Lo real no es Uno ni es Dos, es un No-Dos


VI Domingo de Pascua (Jn 14, 23-29) - Ciclo C: Todo queda admirablemente dicho en la frase con la que se inicia el texto: “Vendremos a él y haremos morada en él”. El ser humano –y, más ampliamente, todo lo real- está habitado por Dios, en el sentido más profundo que pudiéramos imaginar.

Desde un modelo dual (mental) de cognición, en el que el dualismo es inevitable, la llamada “inhabitación” se entendía como un “añadido” o agregado que viniera a ocurrir en la persona, equiparable a lo que ocurre en una casa deshabitada cuando alguien llega a ella. Una tal lectura, aunque rica, olvidaba justamente lo más decisivo: el Dios que nos habita y nosotros mismos no somos una suma de dos, sino las “dos caras” –invisible y visible- de la Única Realidad no-dual.

Por esa razón, no hay que entender las palabras que se ponen en boca de Jesús como si se trataran de una condición: sólo cuando alguien guarde mi palabra, será habitado y amado por Dios. En realidad, son consecuencia, es decir, expresión de lo que ocurre en la persona que comprende lo que es.

Opus Dei y Panikkar


Como es conocido, Raimon Panikkar fue uno de los primeros miembros del Opus Dei, algo que resulta sorprendente para cualquier persona que conozca su forma de pensar. Hace unos años, el escritor Alberto Moncada le pidió su opinión sobre ‘la obra’, para publicarla en su libro ‘Historia oral del Opus Dei’ (que puede leerse en formato pdf en el enlace que encabeza estas líneas). Hemos recogido de este libro el extracto que corresponde a la respuesta de Panikkar.

Querido Alberto:

Me has pedido que colabore contigo en un libro sobre el Opus Dei. Durante muchos años no he sentido interés ninguno por hacerlo. En la introducción a mi libro “Cometa” (Madrid, 1972), escribí que no estaba “arrepentido de aquella etapa de mi vida, ni tampoco de haberla superado”. Y sigo sin esta inquietud auto justificante, aunque comprendo que muchos la tengan.

La puerta estrecha del conocimiento


Durante los últimos cuatro siglos, la cultura occidental ha invadido lentamente a las otras culturas del planeta elevando la ciencia y la tecnología al rango de criterios últimos de verdad. Sin embargo, ningún conocimiento particular es independiente de una visión más explícita de la totalidad y el conocimiento de este "todo" no se obtiene por la suma de los conocimientos particulares.La única manera de adquirirlo es abriendo los tres cierres de la puerta de la sabiduría: con los sentidos se "toca" un aspecto de la realidad, con la razón se “descubre” lo que nos rodea y con la fe se es “consciente” de que hay algo más.

Sólo integrando estas tres dimensiones es posible conocer la relación ininterrumpida de armonía entre el hombre, el mundo y el infinito. Pero la puerta del conocimiento es estrecha y requiere de una pureza de corazón que no es fácil de lograr: es la experiencia plena de la vida, la experiencia mística, que es un don ofrecido a todos.

La idea que subyace en este ensayo es la superación de la esquizofrenia antropológica de nuestro tiempo y la convicción de que el remedio no se halla en una síntesis dialéctica, sino en una profundización de la vida misma del hombre que supere la dicotomía entre teoría y praxis, entre vida intelectual y vida espiritual.


Más Allá de la Fragmentación  de la Teología, El Saber y la Vida




Querido y admirado Victorino: 
Me has pedido lo imposible, por no decir contradictorio. ¿Cómo puedo yo prologarme críticamente a mí mismo? Pero peor sería para mí no responder a un amigo, ya que considero la amistad como uno de los valores máximos de la vida humana, el único título que Cristo nos dio (Io. XV, 15; 18, etc.). Así pues, resuelvo el dilema con un compromiso: a los amigos se les puede escribir –y, en este caso, para felicitarte efusivamente por tu libro, que ha refrescado mi memoria y del que he aprendido mucho.Nadie es juez de sí mismo. Gracias.  


En segundo lugar añadiría sólo un par anotaciones como comentario a tu magnífico de texto.  

viernes, 29 de junio de 2012

Lo femenino es la naturaleza, es la Tierra.


¿Cuándo hablamos de problemas ecológicos o sociales, basta con el razonamiento de tipo económico?

Creo que no. Lo que nos falta a nosotros es, sobre todo, sensibilidad. Hoy mismo, sin ir más lejos, en este pueblo tan precioso, ha venido un autocar y se ha plantado en medio de la plaza. ¡Esto es falta de pudor! Nos falta sensibilidad, la hemos perdido completamente.

Por ejemplo, la fisión del átomo representa un aborto cósmico. Que a alguien le abran la barriga para sacarle un niño que quiere o no quiere, me sabe muy mal y no es nada agradable. Pero que hayamos abierto la vagina del átomo, de la materia, mater, madre, porque queremos extraer de ella la energía que necesitamos para hacer nuestras cosas, es un aborto cósmico, pero hemos perdido la sensibilidad para reconocerlo. No hablo de la bomba atómica, hablo de lo que quiere decir exclusivamente abrir el átomo; la fisión del átomo es antinatural, y eso quiere decir que todo el problema no es sólo un problema económico, es un problema de toda una concepción del mundo. Toda esta concepción del mundo desde Galileo hasta hoy está realmente equivocada. Creo que la ciencia moderna es perversa.

Ser no Ser Humano



En esta entrevista informal, Raimon Panikkar se negaba a que le etiquetaran con el calificativo de "persona espiritual". El espíritu sin la materia no existe, y la materia sin el espíritu, mata. También se niega a que le llamen "ser humano", prefiere que le vean simplemente como un "ser". El antropocentrismo nos lleva a degradar a los demás seres de la naturaleza, a perderles el respeto.

Teosofia


Convivium, Nr. 21 (Enero-Junio. 1966), contenido en su libro Ontonomia de la Ciencia. Sobre el sentido de la Ciencia y sus relaciones con la Filosofía, Madrid (Gredos), 1961.

Al período en el que la ciencia teológica representaba la totalidad del saber se han venido sucediendo otros períodos en los que las diversas ramas del saber humano se han ido independizando de la Teología y, como reacción, cortado o querido cortar todos los lazos con ella. Dentro de esta mentalidad de reacción hay que colocar el nacimiento de la Ciencia moderna. Veamos algunos momentos de la tal aventura.

Es un hecho poco menos que evidente que la Teología ha estado en su mayor parte ausente en el ingente esfuerzo del hombre por conquistar el mundo físico, tanto desde el punto de vista práctico como especulativo.

miércoles, 27 de junio de 2012

La eternidad que vive en cada instante…


Hoy es el último día del milenio. Esta noche mucha gente estará triste.

Pues no debería: el nuevo milenio. El nuevo año, el nuevo día. Es una nueva oportunidad.

¿Para tener buenos propósitos?

No, para darse cuenta de que, quien no vive el asombro y el milagro de cada día, no vive.

¿Por qué cree que tropezamos continuamente? ¿Hay algo que no entendemos?

martes, 26 de junio de 2012

Notas sobre “El sacerdocio en el pensamiento de R. Panikkar”


Pienso que hablar del sacerdocio según Raimon Panikkar, aunque sólo se trate de unas notas, es un intento muy atrevido, al menos para mí, porque se trata de un pensamiento, al que antecede cronológica y sobre todo ontológica y “kairológicamente” una experiencia de vida, muy personal y profundo y porque no conozco toda su obra escrita, pues escribió multitud de artículos y libros sobre los más variados temas filosóficos (en su pensamiento la teología o se incluye en la filosofía o no es), aunque sí la mayor parte de ella, pero, tengo dos motivos que me impelen a hablar del tema y que hacen que este intento, pese a su atrevimiento, sea oportuno que se haga. Uno de ellos es el recuerdo de las conversaciones que sobre el tema mantuvimos en vida de él y el segundo es que es “ese sacerdocio”, yo también fui ordenado presbítero y sentí “la vocación”, en su esencia el que nos hizo compartir bastantes eucaristías allá en Tavertet. Habrá muchos que puedan llevar estas reflexiones adelante mucho mejor que yo, pero me siento por las razones expuestas impelido a hacerlo. Por supuesto que todo ello no implica estar totalmente de acuerdo con su visión.

La victoria no trae la paz


La belicosidad no es monopolio de la cultura tecnocrática, aunque la agresividad competitiva sea una especialidad moderna. Qué hay, o qué ha habido en el hombre histórico que ha creado la guerra como una institución. Qué confianza puede tenerse en una sociedad de Estados que gasta, por término medio anual, 30.000 dólares por soldado y 500 por estudiante. Cuando nos percatamos de que el hombre prehistórico, que se sentía amenazado por la naturaleza, ha dado nacimiento al hombre histórico, que ha terminado poniendo en peligro la vida del planeta, debemos cuestionarnos sobre el mismo proyecto “hombre histórico” y echar mano de su experiencia de seis mil años.

Tenemos unos ocho mil documentos históricos que nos cuentan del optimismo de los vencedores para instaurar su paz. Todos ellos repiten la misma cantinela: “Ahora, finalmente, tendremos la paz”. Y reiteran que “ésta es la guerra que acabará con todas las guerras”. Y, mientras la tinta está todavía fresca, los cañones del vecino están ya dispuestos a contradecir estas afirmaciones.

Contra la superficialidad


Raimon era un sabio; no un docto ilustrado, aunque sabía muchos idiomas, había leído miles de libros, escrito varias docenas y conocido miles de lugares y gentes ilustres. Raimon era un sabio porque saboreaba la vida. Por eso entendía el pensamiento como gusto y amor por todo, por toda la realidad en sus mil facetas, hasta las cosas más pequeñas. Solía decir que la filosofía, más que “amor a la sabiduría”, era “sabiduría del amor”.

Nos unía una fuerte amistad, más allá de su magisterio del que tanto aprendí. Raimon valoraba mucho la amistad, como una de las mil dimensiones del amor. Así me lo escribió en una carta: “La amistad es una forma de amar, es una virtud humana, y por tanto cristiana”. “Te recuerdo con mucho cariño”, era una de sus despedidas preferidas, pues los 1.140 kilómetros de distancia entre A Coruña y Tavertet nos impedían vernos con más frecuencia.

Vida y Obra


Filósofo y teólogo de las religiones, de origen católico. Nació en Barcelona (España). Su padre era de la India y su madre catalana. Fue primero hombre de ciencia, pero después centró su vida en la búsqueda del sentido de las religiones, en un ejercicio intenso de diálogo cultural, social y espiritual.

1. Vida y obra, en perspectiva religiosa.

Se puede dividir en cuatro etapas, que señalan con claridad los momentos fundamentales de su itinerario, que aquí presento de un modo esquemático:

a. Principio hispano (hasta 1955). Estudió en Barcelona y Madrid, donde se doctoró en filosofía, el año 1946, con una investigación sobre uno de los grandes filósofos y teóricos de la religión del romanticismo (F. H. Jacobi y la filosofía del sentimiento, Buenos Aires 1948) y más tarde en ciencias químicas, el año 1958, con una tesis titulada Ontonomía de la ciencia (Madrid 1961). Entre las obras de ese tiempo, cf. también: El indeterminismo científico (Madrid 1945) y El concepto de naturaleza: análisis histórico y metafísico de un concepto (Madrid 1951). Por ese tiempo, Panikkar pertenecía al Opus Dei, de Mons. Escrivá de Balaguer, pero él se interesaba sobre todo por el diálogo con la ciencia y por la búsqueda de un pensamiento que tuviera validez universal.

Raimon Panikkar, entre la ley y la conciencia


Cierro los ojos y veo a Raimon Panikkar avanzando mientras sonríe con los brazos abiertos. Solo unos cuantos entendieron sus libros, pero todo el mundo entendió su sonrisa seductora.

Porque Panikkar era el hombre que dominaba el catalán, el castellano, el francés, el italiano, el alemán, el inglés, el hindi, más el latín, el griego clásico, el sánscrito y el hebreo. Era el hombre de los tres doctorados (Química, Filosofía y Teología), de los cinco doctorados honoris causa, de una cincuentena de alumnos de todo el mundo que han escrito su tesis doctoral sobre la obra panikkariana, el catedrático de Benarés, de Harvard y de Santa Bàrbara. Pero Panikkar se sentía incompleto si quedaba reducido a la figura de uno de los más importantes filósofos y teólogos contemporáneos. Lo que Panikkar quería era ver las caras de la gente porque aspiraba a hablar al corazón de las personas. Panikkar fue un activo practicante del libro del Eclesiástico: «Sedúcete a ti mismo, y

Icono de la Unidad


Descansa en paz, querido Raimon. Has retornado a la paz de lo Uno tras 91 años de caminar por la vida unificando lo múltiple.

Descansa renacido en el seno del Abba Madre y Padre, al que nos enseñaste a descubrir en el “silencio del Dios” (1966) y el “silencio del Buda” (1996), en medio del “mundanal silencio” (Premio espiritualidad, 1999).

Recibo la noticia de tu “extinción” (por decirlo orientalmente) cuando son las seis de la mañana en Kobe y acaba de sonar el gong del templo vecino. Me asomo a la ventana justo antes de que se extinga el lucero matutino, al que tú habrías llamado “icono del misterio” y entono por tu eterno descanso el “In Paradisum” dando gracias por tu vida.

Unas notas sobre María, compañera y esposa del fallecido Raimon Panikkar

María, señora del silencio, que fue esposa del fallecido Raimon Panikkar

Hace apenas dos semanas que murió Raimon Panikkar. Se ha escrito bastante sobre él y sobre su obra, no es para menos, aún queda muchísimo más por escribir, por pensar, por aprender (de) y aprehender su persona y su obra. Yo mismo he escrito en varias ocasiones algo sobre él. Me siento en koinonía.

Pero, me ha llamado la atención que nadie ha dicho públicamente nada sobre María, su actual viuda, y esposa y compañera durante muchos años de sus vidas. Tampoco yo lo he hecho, mas es de justicia hacerlo.

Meditaciones sobre “La plenitud del hombre”, según Raimon Panikkar


El libro de Panikkar La plenitud del hombre (Ediciones Siruela, Madrid, 1999; La pienezza dell’uomo: una cristofania, Jaca Books, Milano, 1999) es un llamado a compartir una experiencia espiritual profunda, común a todos los seres humanos: “Hay en el hombre un deseo de plenitud y de vida, de felicidad y de infinito, de verdad y de belleza, que supera todas las contingencias religiosas y culturales” (p. 20, mis citas son de la edición italiana).

Su autor es un sacerdote católico que nació en Barcelona en 1918 y vive retirado en las montañas de su país natal, donde continúa sus trabajos. Estudió química, filosofía y teología en Europa, vivió en la India y fue profesor de religiones comparadas en Harvard y en California. Muchas veces cita las fuentes bíblicas en catalán, su madre era española de fe católica, su padre indio y de religión hindú y es en la India donde Panikkar adquirió el dominio del sánscrito y el conocimiento de las religiones orientales. Su amplia y sólida formación intelectual le ha permitido transitar con comodidad por varias tradiciones que raramente están en contacto, misión que ha realizado con respeto y humildad, sin relativizar su propia fe ni la de los demás. Su erudición es enorme pero nunca agobiante, la sabe usar como un puente de oro entre la ciencia, el humanismo y la religión, como un lazo de amor y de comprensión entre Oriente y Occidente. La abundante bibliografía, un glosario y un índice de autores sirven de guía valiosa al lector.

lunes, 25 de junio de 2012

Erupción de la Verdad

¿Cómo es posible combinar un patrimonio que es a la vez cristiano e hindú?

Me crié en la religión católica a través de mi madre española, pero nunca deje de tratar de estar conectado con la religión tolerante y generoso de mi padre y de mis antepasados ​​hindúes. Esto no me convierte en un producto cultural o religiosa "mestizo", sin embargo. Cristo no era mitad hombre y mitad Dios, sino totalmente hombre y totalmente Dios. De la misma manera, yo me considero 100 por ciento hindú y de la India, y 100 por ciento católico y español. ¿Cómo es eso posible? Al vivir la religión como una experiencia más que como una ideología.

¿Cómo explica la atracción occidental a las religiones y filosofías de Asia y el miedo que esto produce en las iglesias occidentales?

domingo, 24 de junio de 2012

Del Opus Dei al diálogo intra-religioso


Raimon Panikkar Alemany ha sido una de las grandes referencias en el estudio y comprensión de las religiones.

Comenzó siendo uno de los pilares del Opus Dei, ayudó muy de cerca a San Josemaría Escrivá, fue uno de los promotores de la renovación del catolicismo en línea de tradición, entre el 1945 y el 1955; en Salamanca le recuerdan muchos por su fervor y decisión en esa línea, vinculando la ciencia con un pensamiento ontológico (ontonómico) en clave de restauración católica.

Después, a través de un proceso interior y exterior, su apertura a otros tipos de pensamiento (Jacobi) y su encuentro con la India, hicieron que cambiara de visión, sin perder el rumbo básico, de fidelidad al pensamiento y al cristianismo (siendo, al mismo tiempo, muy tradicional y muy moderno). Dejó el Opus, pero nunca ha rechazado sus orígenes, ni ha criticado a Mons. Escribá ni a sus primeros compañeros. Pero inició una marcha nueva, que le ha llevado por caminos no explorados, que acaban de culminar ahora en su muerte.

La Mirada Contemplativa :: Una antigua visión del mundo


Mirad las aves del cielo, observad los lirios del campo”, dijo el maestro de Nazaret.

Filósofos y teólogos de todo tipo aún reflexionan sobre la Causa y el Autor de los lirios, pero no ven los lirios. Científicos e investigadores de todas las tendencias analizan los componentes o las funciones de los lirios pero se olvidan de ellos. Políticos y economistas de toda clase se ocupan del uso que les podrían dar. Amantes y devotos los cortan y los ponen a los pies del altar o en el pecho de la amada. Artistas y gente corriente miran la belleza de los lirios, se esfuerzan por describirlos, los dibujan o al menos huelen su fragancia.

Nos han “educado” para hacer uso de intermediarios, para la utilización de todo, incluso de los lirios y sólo somos capaces, o sólo nos interesa, analizar o describir “como buenos periodistas”, para que, más tarde, nosotros mismos u otros podamos sacar partido de nuestros experimentos.

El Dialogo Indispensable


El hombre es un componente esencial del cosmos. Los hombres no pueden vivir, en el sentido más amplio y profundo del vocablo, sin religión. El destino de la humanidad depende de que una religiosidad genuina religue a los hombres entre sí, a la realidad en su totalidad y, al mismo tiempo, salvaguarde su libertad. Pero también el destino de la Tierra está en juego. Si no se produce un verdadero encuentro religioso entre nosotros y la tierra, acabaremos aniquilando la vida sobre la misma tierra. El diálogo de las religiones no es solamente un tema académico o una cuestión eclesial u oficialmente “religiosa”, y menos aún una nueva moda porque las ceremonias religiosas se han vuelto aburridas o ha disminuido el número de asistentes. Este diálogo es el campo en el que puede jugarse de modo pacífico el destino histórico de la humanidad. Sin tal diálogo, el mundo sufrirá un verdadero colapso. Aquí es decisiva la praxis, y cada uno de nosotros debe aportar su propia contribución. Pero la urgencia de la tarea no debe hacernos olvidar la importancia de otras facetas del diálogo. La buena voluntad, por sí sola, no basta.

Autoretrato


No puedo escribir sobre mí mismo. En primer lugar, por que no soy capaz. Ni siquiera tengo una lengua propia. En segundo lugar, soy demasiado consciente de que, si lo intentara, el yo acerca del cual escribiría no sería el yo que soy, puesto que soy un sujeto y no un objeto. En tercer lugar, escribir sobre aspiraciones y decisiones es como hacer proyectos. Puede ser interesante para los amigos o para las personas con las que tengo una relación personal, pero su interés se limita a este ámbito.

Y sin embargo escribo. No sobre mí mismo, sino que me escribo a mí mismo. Todo aquello que escribo es, al menos, una parte de mi yo. Todo lo que escribo es autobiográfico. Sólo pongo por escrito pensamientos que yo mismo he pensado como palabras. Yo mismo soy aquello de que escribo y escribo como alguien que habla.

Soy especialmente sensible a dejar que la palabra hable, a permitir que el lenguaje se desarrolle a sí mismo. El yo que también reside en el lenguaje (y que es diferente del ego), habla y se revela a sí mismo en la medida en que dice lo que ha de decir. Por eso el yo no se expresa completamente, y el proceso de devenir lenguaje no se produce automáticamente. El yo tiene necesidad de mí como de un mediador necesario. Soy un elemento activo de esta revelación; gran parte depende de mi transparencia, además de mi atención y otros factores.

´Obra completa´ en dieciocho tomos


Tengo 6.000 años: los viví con los hombres que nos precedieron. Nací en Barcelona de hindú y catalana. Soy sacerdote católico, pero no un funcionario del Vaticano. Todo ser humano, y no sólo los profesionales, tiene vocación de monje y político: si no la realiza, está incompleto

Ahora publico mi Obra completa...

Obra completa: ¿no es un oxímoron?

Lo es. Además, yo sigo todavía vivo...

Doy fe.

El otro siempre tiene algo que decir


¿Cómo se consigue la reconciliación? Hay que proseguir incansablemente los esfuerzos por hablar, por entender y darse a entender, por abrirse a la existencia dialogal. Ocurre aquí algo parecido a lo que sucede con el alcohólico: su problema no es el beber, sino el no poder querer no beber. El problema no es el enemigo, sino el no poder querer tratar con él. La interrupción del diálogo es el solipsismo y la muerte, porque la vida misma es diálogo constante. El otro tiene siempre algo que decir. No soy yo la única ventana por la que se ve el mundo; ni mi yo existe sin un tú y toda la gama de los pronombres personales.

El diálogo es tanto una ciencia como un arte. Implica la ciencia de conocerse tanto a uno mismo (incluido lo que uno piensa y quiere) como al otro; es la ciencia que sabe que ninguno de estos dos conocimientos es exhaustivo, ni en mí ni en el otro; es una ciencia muy descuidada en nuestros días. Quien se cierra al diálogo podrá ser todo lo buen estratega y todo lo astuto que quiera, pero generalmente no sabe hablar ni discutir ni, en último término, pensar, por muchos cálculos y predicciones que pueda hacer. Pero, además, el diálogo es también un arte, un hacer, una actividad, una praxis.

sábado, 23 de junio de 2012

Amor y no-dualidad (II)


El amor adváitico

Intentaré describir este amor. Yo te amo amada mía, sin ningún ‘por qué’ más allá de mi amor y sin ningún ‘por qué’ detrás de mi amor; te amo simplemente en cuanto que descubro en ti al Absoluto —aunque no como objeto, naturalmente, sino como al mismo sujeto que ama en mí. Te amo con un amor único y total que es la corriente del amor universal que pasa a través de ti, por así decirlo, porque en mi amor por ti el amor universal se despierta y encuentra su expresión. Te amo en cuanto que eres —es decir en la medida en que tú eres realmente— el Absoluto. No te amo a causa de mi mismo. Esto es esencial: Todo amor egoísta es incompatible con el advaita; todo tipo de concupiscencia, sea ella deseo de placer, de satisfacción, de seguridad, de consuelo o similar, está excluido. Amarte por mí mismo equivaldría a la peor forma de idolatría: la egolatría. Todo amor que mire a enriquecerme, a completarme, que —en una palabra— mire hacia mí, puede ser quizás un amor humano y también bueno, pero no es en absoluto amor adváitico. Este último no es ni en función de Dios, como motivación externa a mi amor, ni —aún menos— en función de mi ego.

Perlas de Sabiduría


“Benditos los que tienen la ignorancia infinita, porque no tendrán la tentación de juzgar el misterio de la vida. Para vivir no hace falta saber vivir. Para vivir tenemos primero que quitar los obstáculos, y el primero de ellos es el miedo. El miedo a la muerte es el disfraz del miedo a la vida.”

“Si yo no descubro mi unicidad, si yo no soy consciente de mi dignidad y de que aquello que yo debo hacer si no lo hago yo no lo hará nadie, entonces quedará para siempre un hueco en la realidad que nadie más podrá llenar. Cada uno de nosotros es único, no somos un número más. Cada uno de nosotros somos únicos, y encontrar la unicidad de cada cosa y de cada persona es la sabiduría.”

“¿Qué le pasa a la gota de agua cuando cae en el mar? La gota, sin duda, desaparece. ¿Pero yo qué soy, la gota de agua o el agua de la gota? Al agua de la gota no le pasa nada cuando desaparece en el mar.”

Amor y no-dualidad (I)


La idea según la cual Dios es Amor, con todas sus implicaciones, representa un desafío para un advaitin1 que pretende estar más allá de todo dualismo y por tanto —dado que el amor parece presuponer dualidad— estar también más allá del amor. Este problema es, ante todo, una cuestión interna del hinduismo que, en sus principales corrientes devocionales, es una religión del amor (bhakti) y en sus aspectos más contemplativos y filosóficos una religión de la gnosis (jña-na) (que pretende ser superior que la primera), pero es también una cuestión que, de una forma u otra, se plantea ineludiblemente en toda experiencia de no-dualidad.

La respuesta convencional al problema, es que el amor (bhakti) es sólo un primer paso hacia La gnosis (jña-na): hasta que no hace su aparición la intuición suprema, no se puede hacer nada mejor que seguir el camino de la devoción. Es una típica respuesta adváitica: la bhakti no es más que una preparación al jña-na, y debe abandonarse en cuanto se alcanza este último.

Philosophia Pacis: Raimond Pannikar

Funeral de Raimon Panikkar





Saber vivir saber morir

Sobre el Respeto

Dios es trinidad y es relación

Battiato entrevista a Raimon Panikkar

viernes, 22 de junio de 2012

Stavacintâmani: la joya de la alabanza a Shiva

Bhakti yoga
Presentación
A - Bhakti y no-dualidad

Es una constante tanto en los ambientes Cristianos, sean estos oficiales o alternativos, así como también en ciertos ambientes del pensamiento tradicional y, acercándonos más hacia la nueva-era, en los ambientes de lo que podríamos llamar neo-advaita, un cierto menosprecio, cuando no rechazo abierto, hacia toda actitud y camino de bhakti.

Todo un "signo de los tiempos" en los que el camino más corto y eficaz para evocar e invocar a «Lo Sagrado», el camino más sencillo para situarse en presencia de Dios, el más adecuado para la mayor parte de las personas en este tiempo de sombras, ese es precisamente el más menospreciado.

Se olvida a menudo que Shankara, el jñani supremo del hinduismo, compuso himnos a Shiva y que Hafiz o Rumi, quienes hablaron una y otra vez de dejar atrás las formas a favor de la esencia, nunca descuidaron sus oraciones diarias. Más modernamente Nisargadatta, aun siendo un jivan-mukta, no dejaba por ello de efectuar cada día las puyas rituales. Todos ellos trascendían la forma por arriba, no por abajo, y eran por tanto los primeros en reconocer la necesidad de formas externas para la preservación del equilibrio de la personalidad individual y de la colectividad humana y para ello daban ejemplo. Todos ellos tenían la comprensión de que el común de los hombres, no llegando a su nivel, muy fácilmente malinterpretan las actitudes de transcendencia de un gnóstico. No olvidaban además esa antigua máxima de la tradición hindú: "Que el sabio no turbe con su sabiduría la mente de aquellos que no son sabios".